Caminar por la playa me da la oportunidad de viajar sin moverme. Puedo sentirme agua y ser mar. La brisa me empuja al cielo y la arena mojada hunde mis pies en el suelo.

El horizonte pone fin a la angustia. Cabe la esperanza de que allí se puede empezar de nuevo, en ese punto difuso que no es antes ni despues. Si entonces puedo ver un faro encendido ya se dónde está el camino. También quise ser faro alguna vez.

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