Cada gota de sudor  de los agricultores que han segado, labrado y vuelto a sembrar los campos de trigo durante siglos, se convierte en una amapola en primavera. Todos los años espero el momento de encontrarme de nuevo con los campos llenos de esperanza, repletos con las ilusiones depositadas en cada semilla que crece en el secano con la benevolencia del clima.

Entonces me gusta salir a andar por Los Serranos, o conducir por las carreteras castellanas y aragonesas cuando nace el cereal. Es como volar entre  nubes verdes llenas de estrellas rojas.  Siento el zumbido de las abejas, golosas, y quisiera entrar con ellas en esos refugios diminutos que forman los estambres llenos de polen.

La segunda #primaveracovid ha sido lluviosa y fresca. Un maravilloso y extraño placer volver, este año sí, a disfrutar de los campos llenos de amapolas.

 

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